Hagamos país por El Cascabel con Monte Xanic

En días pasados tuvimos la oportunidad de disfrutar en “El Cascabel”, el nuevo restaurante de gastronomía mexicana de la reconocida chef Lula Martín del Campo, el lanzamiento de “Selección”, una mezcla de Malbec, Merlot y Cabernet Sauvignon que la vinícola Monte Xanic  lanza al mercado con una apuesta clara: seguir compartiendo con el mercado mexicano, todo el potencial de sus vinos, su elegancia y su nivel a la altura de los mejores; impulsando en conjunto la campaña“Hagamos país”.

Les dejo esta genuina reseña de quien admiro y confío en su gusto y paladar, el Chef Javier García Cerrillo:

La palabra increíble se suele utilizar muy a menudo, lo que resta valor a la misma. En el deporte, en las artes y en este punto pierde su esencia, o como en este caso lo llena y lo lleva al siguiente nivel. La cena que nos presentó la Chef Lula Martín del Campo en colaboración con la vinícola mexicana Monte Xanic, ha logrado llevarme a creer que fue INCREIBLE.

Al pensar en ceviche me traslado a las tardes de los domingos en mi casa, cuando mi mamá, mi papá y yo comíamos mis “creaciones” en un intento de poder halagarlos y sacarlos de la rutina que teníamos en ese entonces, que desde la compra del pescado, la preparación con el alegato incluido de saber quién tenía la razón, si el chef o la mujer que cocinaba desde que la memoria dejaba de serlo y se convertía en parte de la persona; y hasta que acabas sin ganas de absolutamente nada más que contemplar la escena que acababa de ocurrir. Lula logró llevarme a ese punto, la mezcla de ceniza con el pescado y poder sentir esa dosis imperfecta tan bien balanceada entre ácido, picante, nunca saturando la lengua, incluso ayudándola a salivar en los momentos necesarios para poder apreciar los matices, tan agresiva y armónicamente, que me llevaron a poder decir que estaba increíble. El maridaje fresco, herbal y bien balanceado, era el marco de una pintura abstractamente simple de entender, las notas florales del Sauvignon Blanc Viña Kristel, nos ayudan a entender la entrada de una muy prometedora cena.

Nunca me han gustado los caldos, incluso los denomino “sudor de cadáver”, y no hay nada que disfrute más que tener que tragarme mis propias palabras. De pequeño era un verdadero suplicio estar enfermo, ya que implicaba el caldo propio de una enfermedad, y ese recuerdo no pudo ser más roto y superado por una de las más gratas sorpresas que he tenido en mucho tiempo. El mole de olla, con una presentación tan sencilla que le hace justicia a lo bien ejecutado del plato, con esos aromas y sabores que te llevan a lo más profundo de tu casa, en esos momentos donde necesitas algo que alimente el alma más que el cuerpo y Lula no pudo ser más atinada en eso, puedo decir, sin temor a equivocarme, que es un plato que toca esas fibras sensibles, esas fibras que te hacen recordar ese momento y que marca la pauta al poder decir “ahora si me gustan los caldos”.

El maridaje con cuerpo, a cargo de Monte Xanic con su nuevo lanzamiento “Selección”, una propuesta osada del productor, ya que esos inicios bien estructurados, con algunos detalles de rebeldía como lo es el eucalipto y el cuero, nos ayudaron a entender mejor la obra, lo que me lleva a decir ¿cuál es la obra? La respuesta es muy sencilla si se ha probado, y realmente muy complicado si no se estuvo en ese momento, ya que fue una mezcla entre lo refinado de un vinazo bien estructurado, con unas formas muy bien trabajadas, así como con la informalidad y la familiaridad que te dan los sabores de casa. En resumen, una verdadera experiencia que no solo agradaba al gusto, sino, lo más notable para mí, le daba un abrazo a la memoria a través de los fantasmas del fue y de ninguna parte.

¿ Qué mejor final puede haber que el chocolate?

¿Qué puede estar mal habiendo en un postre chocolate? La respuesta fue tan sencilla, ejecución perfecta, un brownie, algo tan simple, pero tan limpio en forma, en sabores y lo más valioso, de argumentos tan rotundos, que no quedaba nada más que disfrutar cada bocado. He tenido la fortuna de conocer a muchos colegas que hacen platos que te muerden el orgullo, que hacen que asome la envidia hasta cierto punto, pero este caso en particular, ha sido tan fuerte, agresivo y contundente, que he perdido toda capacidad de réplica y crítica objetiva; y solo se ha vuelto la visión de un comensal que recuerda sus cumpleaños como algo detestable, y que lo que fijaba en la memoria el festejo, era ese pastel de chocolate que te endulzaba una fiesta que no te gustaba, no te gusta, y que muy probablemente no te gustará, con esa única excepción de la regla, el pastel de chocolate.

El maridaje

El maridaje ha sido intenso, como una fuerte declaratoria que Monte Xanic llegó para quedarse, y que es un punto de referencia en el vino mexicano, y por qué no decirlo, un llamado a los viejos productores que tienen que renovarse, que lo clásico y tradicional no es la única forma de hacer las cosas, de hacerlas bien; y que lo que se produce en el norte del país es tan bueno como el que más, que sin importar el precio, el nombre o las uvas, ese sentimiento de “Viva México Cabrones” suena y suena fuerte y potente, que espero nunca deje de sonar sin palabras, pero tan claro que se te eriza la piel y te arde el pecho al sentirlo.

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En conclusión, una velada muy rica, tan sencilla de llevar, que ocupó todos los sentidos, con una confirmación de que no hay que voltear hacia fuera si aquí tenemos lo más importante que uno busca, marcar una experiencia, y que mejor que esta ha sido, es y será, una muestra de que hacemos muy bien las cosas con lo que se produce aquí; y lo que hace que dure, es poder llevarnos a esos momentos con gente que quizá ya no está con nosotros, pero que tiene un lugar muy valioso en la memoria, y que al final del día, no hay nada que te pueda regresar a ello más que estos momentos.

Reseña por Javier García Cerrillo

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